Rezar el santo Rosario
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El origen del Rosario

El origen de la palabra «rosario» viene de una antigua costumbre medieval que consistía en poner una corona de rosas en las estatuas de la Virgen. Estas rosas eran el símbolo de la «belleza» y del «perfume» de las plegarias a María. Así es como nació la idea de utilizar un collar de granos (o corona) para guiar la meditación. En el siglo XIII, los monjes cistercienses desarrollaron a partir de este collar una nueva plegaria, a la que llamaron Rosario, en comparación con una corona de rosas ofrecida a la Virgen.Rose Esta devoción fue popularizada por santo Domingo, que recibió en 1214 el primer Rosario de la Virgen María, en la primera de una serie de apariciones como medio para convertir a los no creyentes y a los pecadores. Antes de santo Domingo, era una práctica común rezar el «Rosario de Nuestro Padre», que consistía en recitar el Padre Nuestro según el número de cuentas o granos de un collar.

En 1571, el año de la batalla de Lepanto, en el momento de la invasión de los turcos musulmanes, el Papa Pio V pide a los cristianos de rezar el Rosario para pedir la liberación de la amenaza otomana. La victoria de la flota cristiana, el 7 de octubre, fue atribuida a la intercesión de la Virgen María. En agradecimiento, el Papa incorpora ese día en el calendario litúrgico bajo el nombre de fiesta de Nuestra Señora del Rosario. Otras personalidades contribuyeron también a la propagación de esta plegaria como por ejemplo el beato Alain de la Roche (o Alano de Rupe) con su «Salterio de Cristo y María» en 1478, san Luis María Grignion de Montfort en su libro «El secreto admirable del Santo Rosario», y el beato Bartolo Longo. Otro gran impulso se produce en los siglos XIX y XX con las apariciones de la Virgen María en Lourdes y en Fátima.
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